Hace unos dias, tomé un taxi con mi tia y mi primo, en san juan con la 70, rumbo a una cita médica cerca a el cerro nutibara, eran mas o menos las 3:20:pm cuando subimos al vehiculo.
Nuestro recorrido comenzó, mi tia y yo hablabamos sobre la molestia que acongojaba a mi primo y por la cual acudimos con él donde el especialista, (ya hibamos por la avenida del rio), en un momento de pausa el conductor comenzó a llorar y a tocarse la cabeza desesperadamente, yo estaba super asustada, y mi tia muy querida ella, le preguntó que le pasaba, el señor en medio de un llanto que casi lo ahogaba nos contaba que en casa tenía una niña de 13 años con un tumor cerebral, que tenia los dias contados pero que mientras tanto, devia tomar unos medicamentos de 200 mil pesos cada 4 horas para controlar el dolor y el hombre solo pensaba en que faltaban unos cuantos minutos para que se terminara el efecto de la dosis anterior, y su hija comenzaría a sufrir nuevamente, a gritar y retorcerse mientras su amoroso y abnegado padre llegaba con la siguiente dosis.
Yo en ese momento, pensaba en el sufrimiento de la familia y la niña, y también en que ese señor, podía entrar en pánico o sufrir un shock y nos tiraba al rio medellin, juemadre me moría, yo miraba a mi tia super asustada y ella me hacia gestos para que me calmara, mientras trataba de distraér y consolar al señor con cariñosas frases. (casi me tiro de ese taxi.)
Cuando por fin llegamos a nuestro destino, tuve unos minútos para reflexionar sobre lo sucedido en aquel taxi, de solo pensar que unos minutos antes que el señor comenzara su relato yo estuve a punto de quejarme por un simple dolor de cabeza producido por el calor, me sentia la persona mas desagradecida del mundo, y desde ese dia procuro no quejarme por nada, lamentablemente siempre habrá alguien peor que uno.
¿que pensas vos?





Ufff.
Pobre señor. ¿Cómo hará para pagar esas medicinas?
Siempre es escalofriante cuando te chocas con la realidad ajena, muchas veces vivimos encerrados en nuestra propia realidad, y cuando alguien nos abre una ventana y nos muestra lo que pasa a nuestro alrededor nos acongojamos, y decimos que nunca más voy a hacer esto, nunca más voy a decir aquello, pero creo que esta barrera imaginaria es necesaria para no perder la razón (sin rayar con la insensibilidad). Que bueno que pasen cosas que nos permitan ver con mayor claridad.
Y le deseo mucha suerte al señor taxista con sus medicamentos.
Saludos
Por lo general cuando nos ponemos en los zapatos de otros nos damos cuenta de que hay mucho mas para agradecer, mucho más por lo que hay que trabajar fuerte y luchar y que necesitamos ayudar.