En los 9 meses de mi vida que llevo laborando siempre habían sido jornadas diurnas, apenas hace unas semanas que he probado lo que significa trabajar en la noche.
La primer noche que salí de mi casa a recibir el puesto, fue todo un ritual, preparar la ropa más calurosa para que no me diera frio en la madrugada, empacar la comida porque la noche es larga y el hambre ataca y sobretodo tener muy buena actitud y poner la mejor cara para hacer este suceso menos doloroso y aburrido para mí y para mi mamá.
Luego de tener todo listo, llego la hora de abandonar mi hogar, mi mamá me acompañó hasta la mitad del camino para esperar el primero de los 2 transportes que debo tomar, cuando llegamos a ese punto, el segundo que me demore dándole el beso de despedida a mi mamá, se me hizo eterno, la energía del momento era que ninguna de las 2 quería que yo saliera a trabajar esa noche, pero sabíamos que debía hacerlo, por eso con resignación me despedí de mi madre y continué mi camino.
Al subir a la buseta pensaba muchas cosas, sentía un chuzito en el corazón, (era la primera vez en mí vida que trabajaba de noche) un par de lagrimas fueron inevitables, pero me recupero un poco, el saber que gracias a ese mínimo esfuerzo que yo estaba haciendo, habían personas felices y principalmente mi mamá aunque no quedo muy bien tras mi despedida, sabía que era lo mejor para las 2.
Llegue a mi trabajo un poquito retraída, pero a medida que fue avanzando la noche me di cuenta que no era tan grave, hasta rápido se me fue la noche, a veces si me daba la pensadera, pero supongo que esto es una lección para madurar, aprender y valorar.
Nota: después de todo mi mamá me confesó que llegó hecha pedazos a la casa, no podía creer que su niña no estuviera esa noche en su casa, por estar trabajando.




